Crónicas de Avandra

Lady Aurala ir'Wynarm

El Sueño Imperial

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Miras hacia al norte y al sur, al este y al oeste y ves enemigos por todas partes ¿En qué momento nos convertimos en perros que se destrozan por un trono?, ¿en qué momento dejamos de ser hermanos?

La Casa Deneith dice resguardar Tronofirme con mano férrea, pero permanece neutral, incapaz de ganar, incapaz de perder, temerosa de morir.
Esperan, reclaman un verdadero Galifar, pero son incapaces de decidirse por alguien, permanecen en medio, en la tierra que no ha sido reclamada, no toman posición alguna, no protegen nada salvo un trono vacío y la promesa de un imperio que ya nunca jamás será.
No como alguna vez lo fue, no como ellos esperan.

Mi familia se desgarra en gestos de lealtad y amabilidad con las distintas Casas de Dragones, sin ver que al final nuestro poder está dependiendo de un montón de artesanos, espías, banqueros y ratas.

No llorare su muerte, no me lamentare por ver correr la sangre de aquellos que han osado retarnos, Madre.

Mi abuelo Aarot tuvo cinco hijos, de los cuales tú eras la mayor, Barvette, ellos asesinaron a tu padre allí en los Confines de Eldeen en el oeste. Y tú, poderosa, sabiendo lo que tenías que hacer aprisionaste y ejecutaste con tus propias manos a los embajadores de Oalian y los Dystamer de Leafing que fueron enviados a Fairhaven tratando de negociar la paz.

No te asustaron las leyendas del ejercito de nigromantes que alguna vez fueron comandados por Kelith, y te dispusiste a conquistar el Bosque Oscuro, pero el Furor de las Sombras diezmado fue capaz de repelerte, solo porque las complicaciones logísticas que traía librar la guerra allí eran demasiadas.

Y entonces en el 967, cuando las tropas de Thrane fueron enviadas, comandadas por el Cardenal Osirio ir’ Kanaan, lograste hacer retroceder la cruzada que se lanzaba sobre tus tierras, allí perecieron grandes soldados, y conociste a Karmos Render el famoso cambiante (shifter) cuyo recuerdo aún hoy hace estremecer a nuestros enemigos, aquel que venció al Titán Forjado de la Casa Cannith, aún hoy no sabemos nada de él… pero no es algo que queramos que nuestros enemigos sepan.

No duraron nuestros valientes Soldados Cuervo, diezmados ante el ejército fanático de Thrane. Y así, hacia el 968, Thrane nos atacó de nuevo en Los Campos Llorosos, careciendo de tropas suficientes, fuiste capaz de hacer que fuese la batalla más luchada que los Thranes hayan tenido que luchar jamás, aún hoy lloran por los grandes héroes que perdieron aquella noche, una victoria pírrica.

Hacia el 971, decidiste dividir tus fuerzas y atacaste a Thrane en dos puntos, la Ciudad de Daskaran al norte, y Fuerte Ligero al Sur. Tus máquinas de asedio destruyeron Fuerte Ligero, forzando a los Thranes a retroceder a Bastión de la Espada, donde se atrincheraron, el ataque a Daraskan sin embargo fue repelido y tu avance por el norte se estancó.

Hacia el 973, ya llevabas la flota de Aundair hacia las costas de Karrnath, la batalla hoy se recuerda como la Batalla de las Diez Bombardas, en medio del verano, los veleros aundarian, apoyados por los Aguilasdragon y las Varitas de Fairhaven lucharon contra la Primera Flota de Korth en los Retoños del Estrecho; pero te hicieron retroceder.

En el 975, el ejército Aundair de la Pacificación del Oeste finalmente se retiró al este del Río Wynarm, señalando el abandono de las tierras que alguna vez tanto deseaste, ¿por qué no fue mayor tu deseo, por qué no fue mayor tu ambición?

Durante algunos años, vivimos la ocupación de las villas cercanas a Thaliost por el ejército de Thrane hasta el 977, luego de que murieses, no llegaste a ver aquellas tierras que tanto deseaste libres de aquellos malditos, pues los años finales de tu reinado fueron malos para ti, vino la ceguera y la enfermedad que no te dejarban ver aquella tierra ocupada desde el 926, en la época de gobierno del Regente Marlex.

El Tratado de Tronofirme nos ha quitado Thaliost y se la ha dado a los ocupadores…
Falleciste, madre, sucumbiste en el 979 ante la enfermedad mágica. Y yo, tu hija, seria coronada Reina de Aundair en el 980. Hoy el 6 de Zarantyr del 998 he descubierto quienes han sido los que te han asesinado, ya no hay razones para mantener esta paz, tengo un Casus Belli valido.

Pero permite que te cuente algo de cómo ha surgido todo esto:
Sasik d’ Vadalis, mi esposo, ha muerto, con esto terminaran las denuncias de favoritismo dentro de mi reino y sé que le querías, sé lo mucho que le amabas, mucho más de lo que alguna vez me amaste a mí.

El barón Dalin d’Vadalis, sospecha que yo le asesine, no tiene cómo probarlo. Sasik renuncio al patriarcado de la Casa cuando decidió casarse conmigo, de cuenta de ello su hermano Dalin manipuló mi reino a su antojo, consiguiendo lo que quería gracias a mi esposo; pero, ya nunca más Aundair se postrara ante una Casa. Ya los lazos de sangre son débiles, tres pequeños hilos que podrían cortarse fácilmente si guardasen lealtad a su familia paterna: El Príncipe Wrogar, El Príncipe Jurian y la Princesa Corrine. Ya no hay alianzas de sangre que nos unan, ni ningún tipo de pacto.

A ti haré llegar mis reclamaciones Dalin, a ti que te haces pasar por hombre humilde sin guardar signo alguno de nobleza. Y mis hermanos Adal, Aurad, mi hermana Wrel, mi hermana Wrey y sus familias, son obedientes, pues soy la cabeza de la Familia Real Aundarian.

Sin embargo, se ha conformado un Triumvirato, que consiste de mi hermano más joven Adal, el Primer Señor de la Guerra de Aundair y Ministro Real Magico, y el Segundo Señor de la Guerra del Reino y Comandante de los Caballeros Arcanos, Lord Darro ir’ Lan.

No confío en ninguno de los dos, madre, sin embargo, compartimos nuestro destino y sus triunfos, así como sus derrotas me afectan.

El pergamino que recibirá la Casa Vadalis entonces, mostrará la cera azul que lleva inscrita en ella el águila real, las espigas, el libro y las plumas de cuervo. “En tiempos de paz, los hombres sabios se preparan para la guerra”, era el consejo que solías dar, Dalin, a mi padre cuando vivía, no he visto tus caballos ensillados, no he visto que las águilas de Radagast gusten de la presencia de tus criaturas, no he visto los jinetes de los grifos entrenando en los cielos de Varna, Neirn o Delethorn; solo restos de animales muertos, en pabellones donde intentaste lo prohibido y fracasaste. Guardas humildad para que no conozcan el horror que has creado, aquellos seres que vagan en pabellones de huesos como afrenta a la naturaleza. ¿Qué diría Oalian si supiese lo que has hecho, Dalin, a esas pobres criaturas, qué tipo de experimentos con lo natural justificarían aquellas aberraciones?

Mientras tanto, mis ojos observan a todas partes, mis alas se extienden y abrazan todo Khorvaire, y mi vuelo llega inclusive más allá.

¿Qué podrá impedir que el águila cace a la serpiente?

Los Ojos Reales de Aundair están en todas partes y cómo ávidos cazadores observan las futuras presas.

Miran hacia Karnath, campos y campos de cosecha improductivos, miles de manos incapaces de llevar a su boca pan, esperan las llegadas de las caravanas de Aundair y el auxilio de Oalian, temen el hambre que pasaron durante la última guerra, como niños castigados temerosos a una nueva reprimenda se empeñan en mantener la paz.

En los bosques de Breland, no se escucha el rugir de los Karnathi, su voz ha callado embriagada por las promesas de paz e igualdad del Rey Boranel, tu espada se ha mellado y ya tu hermano no es el joven caballero britallente que alguna vez fuese, el tedio perturba su mente, la burocracia interminable, el papeleo que no cesa en los Consejos Generales del Rey bonachon, pero no tiene voz alguna, sus estrategias ya no son escuchadas en una nación que se empeña en redefinir su identidad, alzándose ya no como reino sino como estado-nación, pese a que algún día dependiste de sus estrategias para mantener los arduos triunfos que conseguiste durante los más duros años de tu reinado. Lloro al ver sangre real desperdiciada sirviendo a un rey que reclama ahora un nuevo giro del poder, poder al pueblo, fueros que cada vez más ponen en duda la supremacía de los señores feudales. En Thrane, la belleza de tu hermana se desgasta ante los Septos de la Llama de Plata, portando la túnica negra, el símbolo de la vigilancia de la llama, de la vigilia, abraza una amarga castidad pues sus labios ya no se posaran jamás en la piel de ningún hombre, ni ya de su boca saldrá el dulce veneno que tanto daño hizo en los años finales del conflicto, ya ningún bardo cantará sobre sus encantos desgastados, ni ya nadie se desvelara prometiendo riquezas a aquel que pudiese conseguir su mano, se ha convertido en una mujer triste, silenciosa al igual que los templos que ahora recorre como fraile errante dentro del oscuro reino de la luz. Permanece silenciosa, sin reclamos ante una religión que bajo tu amparo tuvo el coraje de cuestionar. Un intercambio que propuse, como muestra de buena fe de Karnath para mantener la paz, pero accediste tan fácilmente que me haces pensar en lo mucho que deseabas mantenerles lejos.

Tus generales ansían la guerra, extrañan los tiempos en que bajo el amparo de su rey saqueaban aldeas enteras violando mujeres y niños, crucificando a los frailes de la Llama de Plata. Su férrea disciplina ya se veía venir abajo, hoy tratas de enderezar a quienes se encuentran perdidos, embriagados en los recuerdos de lo que su espada y capacidad militar les permitió. Y, sin embargo, no vas por el Trono. ¿Tanto le ha costado a tu nación?

En Breland, los osos lloran por tu falta de coraje Boranel, eres un hombre sabio y demente, has renunciado a la nobleza y ahora solo eres un rey sin reino alguno, pronto las hermanas de Droaam marcharan sobre ti, ¿podrán tus hombres libres defenderlos de las garras de las arpías, cómo podrían tus fortalezas ser capaces de soportar a los mercenarios Gnoll del Pacto Znir, o a los Trolls capaces de derrumbar fortalezas.

Yo he heredado una nación diezmada por la guerra, solo con los enemigos puede hacerse la paz y eso hice mientras me preparaba para la guerra, las tropas Thrane todavía tienen la leva de infantería pesada que tanto mostraron durante la Gran Guerra, los Karnathi tienen a sus ejércitos de esqueletos, todavía temen la furia Aundair.

Karrnath se vio obligada a levantar ejércitos de No-muertos para poder combatir al rey Wrogar ir’ Wynarm el cuarto hijo del Rey Jarot el Último Emperador Galifar, su hija la Princesa Mishann de Cyre era la legitima heredera a Tronofirme y a la Corona del Imperio Galifar, pero Thalin de Thrane no lo quiso, ni Kaius de Karnath, ni Wroann de Breland. Wrogar se declaró a sí mismo Rey de Aundair en el 894 y su hija mayor Mishann asumió el título de Reina de Cyre y de Galifar Unido. Reinó hasta su muerte en el 920 YK mientras cazaba en los Confines de Eldeen, juego sucio por parte de Oalian y sus Guardianes del Bosque, puedo asegurarlo. Era ya muy anciano antes de morir, y fue capaz de hacer temblar a los muertos-vivientes.

Hay quienes dicen, que mis actitudes fueron desesperadas al ver el estado de mi reino, envié a mis hábiles diplomáticos buscando el cese al fuego. Luego contraté a los Elfos de Valenar, los Halfings de las Planicies de Talenta y los barones piratas de los Principados de Lhazaar, suplementando mi ejército.

Mientras Cyre, Breland y Thrane se empeñaban en expediciones que no dieron frutos, yo veía la paz y me preparaba para la guerra.

Cortesanos, miembros del consejo, caen como moscas sin saber quién mueve las piezas, rumores se difunden y terminan por asesinarse unos a otros dejando la vía libre a hombres con lealtad, tengo a los mejores espías que un rey podría tener sin depender de ninguna de las casas, los Ojos de Aundair.

En Thrane profesan una religión sin fe alguna, temo más a los Puritanos de mis tierras, que abrazaron una vertiente separada de la Llama de Plata y más certera pues reconoce el poder divino de la Corona, mientras los Guardianes de la Llama devoran manjares en Thaliost y se acuestan con otros miembros del clero, los Puritanos conducen a Aundair se empeñan en alcanzar la perfección moral y en predicar la grandeza de su reino.

La pérdida de Thaliost, no es algo que se pueda olvidar fácilmente, y todo mi reino iría a la guerra, cada hombre, mujer o niño, si la recuperación de esta ciudad está involucrada. Caballería ligera y varitas es todo lo que se necesita, además de los Caballeros Arcanos.

Thaliost no está feliz del régimen teocrático que se le ha impuesto y sé que se creen abandonados, están cansados de la mano firme del Colegio Cardenalicio y de los Septos, rebeliones surgen periódicamente pero no es algo que verías escrito en la Crónica de Korranberg.

Han cortado la vía de acceso a Karrnath a través del Puente del Arco Blanco, fueron derribadas por Kaius I en el 899, pero hay otras formas de mover ejércitos hacia la ciudad.
Solgar Dariznu, Arzobispo de Thaliost, arderá en la hoguera, mientras el pueblo alaba la gloria del ejercito de Aundair y su Reina Aurala.

Somos la Familia Real Aundarian, somos el Triumvirato: Mis hermanos Adal, Ministro Real de la Magia y Primer Señor de Aundair y mi hermano el Príncipe Aurad, gobernador de Fairhaven, consejero jefe, líder de los cuerpos diplomáticos. Así como mis dos hermanas Wrey y Wrel, quienes estudian en Arcanix.

Dos de mis hijos viven en Fairhold: El Principe de la Corona Wrogar, quien heredará el trono y la Princesa Corrine, una rebelde jovencita; mi hijo el Príncipe Jurian, ha preferido abandonar su nobleza y vive en un estado de auto-exilio en Wroat, causándome gran vergüenza.

Adal no tiene esposa, se gasta el tiempo en prostitutas. Mientras que mi hermano Aurad tiene una esposa llamada Wrenya y cinco hijos, incluyendo a la jovencita Austasia, quienes también viven en Fairhold.

Mi ejército está conformado principalmente por los Caballeros Arcanos liderados por el honorable Lord Darro ir’Lain y Señor de los Caballeros Fantasmales, quien durante mucho tiempo me ha sugerido la idea de invadir los Confines de Eldeen.

Los Caballeros Fantasmales, son de temer, inclusive las monturas de la Casa Vadalis se cansan, ¿pero qué alimento se le da a un corcel fantasma?

Haldren ir’ Brassek se encuentra retenido por la Casa Kundarak en Bastión del Terror, fue uno de los grandes generales de la Gran Guerra, acusado de poner aldeas enteras bajo las llamas asesinando civiles en los Confines de Eldeen, acusado de violación de niños y mujeres de los Confines durante la guerra, capturó la ciudad de Cragwar (En Breland, una ciudad rica en plata y depósitos de gemas, cercana las Cimas Negras que es una de las fuentes más grandes de mithril en Khorvaire) dos veces. Cuenta con gran parte del apoyo Aundair, dicen que algunos ciudadanos se encuentran trabajando en su liberación.

La Llama no ve con buenos ojos esto, pues dicen que realizaba sacrificios masivos a los Seis Oscuros. Nimiedades, si hay algún crimen serio del que se puede culpar a Haldren es que se considera la reencarnación de Galifar I (el Padre de la Dinastía Galifar, el primer emperador, unificador de las Cinco Naciones), algo bastante cómico ciertamente puesto que cree que está destinado a forjar un nuevo imperio sobre las cenizas del antiguo, podría ser útil, hasta cierto punto, pero fui yo quien ordenó su captura. Ahora quizá podría sernos útil. Pero Bastión del Terror es un lugar de difícil acceso, custodiado por los Kundarak, esta prisión fue establecida por Karrn el Conquistador como un lugar para el exilio de gobernantes usurpados o aristócratas que habían perdido el favor de sus reyes. Es un lugar sin escapatoria para aquellos que son demasiado importantes y demasiado peligrosos como para permitírseles que estén sueltos, los criminales más peligrosos de todo el continente. Ser guardián de Bastión del Terror suele ser considerado un castigo o una prueba para la mayoría de enanos.

La llama de plata se apagará pronto, ahogada por los pecados de su propio pueblo, hallará un mejor lugar entre los adoradores Puritanos.

Pronto comenzará la guerra, madre. Estamos trabajando arduamente en mejorar las relaciones con nuestros vecinos debilitados por la guerra.
-Aurala Ir’Wynarm, Reina de Aundair, Primera del Triumvirato.

https://www.youtube.com/watch?v=3MU5m8fJrvQ

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ElDemiurgo

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